Ni amigos ni enemigos, el vínculo entre periodistas y voceros

Como estratega en comunicación con dos décadas de ejercer, me ha correspondido asesorar todo tipo de voceros: desde empresarios y técnicos profesionales hasta jerarcas gubernamentales, que en su condición de funcionarios públicos se ven en la obligación de rendir cuentas a la ciudadanía, y de cara a los medios tienen un plazo de diez días para contestar. Valga decir, el plazo es en términos legales, no así noticiosos, porque ningún periodista acepta se le demore más de 24 horas en dar una respuesta que dicho funcionario debería conocer, y solo en casos calificados en que amerita recabarse datos, es permisible hacerlo en plazos mayores. La agenda noticiosa de un país es cambiante y el hecho mismo de responder a la mayor brevedad, habla bien de quien asume con responsabilidad su rol en la vocería de una organización.

Cuando el tema en cuestión no les favorece a un vocero, todos ellos tienden a personalizar lo que consideran ataques, pues como seres humanos al enfrentar un cuestionamiento a su desempeño y rango de acción, los hace sentir expuestos, y por lo tanto la reacción natural es defenderse. Si esa defensa es primitiva, racional, emocional o hasta haciendo uso del humor, dependerá en buena medida de su personalidad y madurez.

Sobre vocería me he referido antes en este blog, así que esta vez no me voy a concentrar en consejos sobre cómo ejercerla, sino sobre esos rasgos de personalidad que afectan el cómo son percibidos.

Cuando un vocero de una empresa, gobierno, ONG o cualquier tipo de organización asume que ese periodista es solo la persona que tiene en frente, comete un gran error, pues su voz no es la de la persona, sino la del medio, cuyo alcance pudiera ser de 5.000 o hasta 5.000.000 de personas, según el mercado y magnitud del medio. Por su parte, más allá de quien firma una nota, se trata de empresas de comunicación conformadas por un conjunto de profesionales que de acuerdo a una línea editorial persiguen un fin.

Somos los lectores, televidentes y oyentes, quienes aplicamos el discernimiento sobre si nos gusta o no el contenido que elabora X medio de comunicación. Así como la voz del vocero no se puede tomar como la única válida, tampoco se puede tomar como la verdad absoluta aquello que reporte el medio. Al final de cuentas en esta era de la información, todos los ciudadanos formulamos nuestros criterios a partir de lo que conocemos mediante los medios de comunicación, las redes sociales y nuestro entorno social, y ante ese conjunto de información que recibimos cada uno de nosotros decidimos qué nos agrega valor y qué no, eligiendo a partir de eso que conocemos, cómo opinar, y cómo reaccionar ante algún tema, en el tanto alguno podría incluso hacernos sentir convocados a una movilización social. Claro está, todos cometemos sesgos en la elección de nuestras fuentes noticiosas, porque a la vez, buscamos validar aquel concepto que defendemos, por eso mi verdad, no es tu verdad, ni la de tu vecino, amigo o pariente.

¿Cuán cordial puede ser la relación?
En ocasiones, cuando un periodista lleva algún tiempo de cubrir una fuente, y ha sacado notas que le son favorables a la organización, se asume un grado de amistad entre el periodista y el vocero. Nada más errado que esto, ningún periodista es ni amigo ni enemigo de un vocero, es su profesionalismo y línea editorial la que le puede hacer migrar de uno a otro extremo en una cobertura, según las conclusiones a las que llegue tras hacer un balance entre las respuestas, documentos y demás insumos que obtenga en ese proceso de investigación sobre un tema.

Se torna fundamental que prive el respeto en dicha relación vocero-periodista, pues no será quien tienes al frente quien lo juzgue, sino la opinión pública en pleno. Ahora bien, esas declaraciones que se dan al calor del momento, con un conjunto de periodistas en simultáneo como sucede en las ruedas de prensa, representan una tensión particular a dicho vocero, por eso, solo quien esté preparado, conozca todas las aristas sobre el tema al que se referirá y tenga una madurez personal y profesional, debería ejercer la vocería, en el tanto no es el vocero quien se expone, sino que representa un gobierno, una empresa o una organización, a partir de su comportamiento y conocimiento.

Finalmente, este escrito no pretende entrar en ejemplos que mis lectores solos evocarán, sino en plantear la importancia de que el vínculo expuesto, salvaguarde siempre la reputación de la persona y la organización que representa.

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